Tuviste que ser mía

Tuviste que ser mía

- Libro 160

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—Oye, papá: si Rolfe es todo lo que afirmas y todavía tiene edad para casarse, ¿por qué razón piensas que no lo hace? —No soy tan indelicado como , querida mía, y nunca se lo he preguntado. —No está bien que subas tanto al piso de Rolfe, Kit —intervino la dama—. Rolfe es un hombre soltero y libre, y vive solo. Y eres una mujer joven y bonita… —Gracias por el elogio, mamá —rio burlona—, mas no veo por qué razón he de parar de subir. ¿Crees quizá, que corro riesgo a la vera de Rolfe? —y volvió a reír. —Tú eres una presumida perdida, Kit —reconvino la madre—, y tan frívola que jamás vas a saber lo que es el auténtico amor. Mas temo por Rolfe.
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