Magia

Magia

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Magia, pieza teatral que Chesterton escribió desde un relato que el día de hoy anda perdido, se estrenó en el mes de noviembre de mil novecientos trece en el Little Theatre de la ciudad de Londres. La obra entonces alcanzó las ciento sesenta y cinco representaciones. Bernard Shaw fue indudablemente el primordial impulsor a fin de que Chesterton se resolviera a redactar teatro y fue quien más tarde lo encomió hasta el punto de situar a su amigo en la tradición reputada de Shakespeare. En Magia, en palabras de Felipe Benítez Reyes, hallamos a un Chesterton en toda la pureza de su método: un arranque enigmático, el desenmascaramiento, afirmemos, de ese falso misterio, una situación trivial, y de pronto, el ascenso a un planeta especulativo, abstracto y paradójico en el que se enmarañan los dogmas y las dudas, la esencia y la apariencia, lo real y lo excepcional, de forma que la trama se distancia de la linealidad y deriva en espiral, con todas y cada una de las asimetrías de un alegato que medra en torno a sí mismo satisfecho de sí, orgulloso de su poder. Desde el comienzo de la obra las palabras empiezan a hilar una lona de araña, territorio verbal, donde van quedando atrapados los sofismas, las tergiversaciones y los sinsentidos, los axiomas paradójicos, todo cuanto siempre y en todo momento y solo ya es propio y único de Chesterton.

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