La conspiración de Borges

La conspiración de Borges

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«¿Qué puedo decirte, pobre Borges?… Vas a quedar solo en esta casa. La ceguera no es tiniebla, es forma de soledad. Vas a escribir el libro.» Con estas palabras, Jorge Luis Borges, el veinticinco de marzo de mil novecientos ochenta y tres anunciaba su muerte para el veinticinco de agosto siguiente. Era uno de los diálogos más largos escritos por él; se entablaba entre Borges joven y Borges viejo. El siete de abril de mil novecientos ochenta y tres publica en el diario Clarín el razonamiento de «una novela que por razones de ceguera y ocio no escribiré». Ahí se plantea una conjura de viejos contra jóvenes. ¿Incitación o bien trampa?… Enrique Kedinger, nacido en la ciudad de Buenos Aires, corre el peligro de caer en la celada y admite el reto. Esta es, entonces, una novela donde Borges muere, se multiplica, urde una vasta conspiración internacional y concluye quebrando viejos tabúes de tiempo y espacio. Por su parte, el texto descubre una propuesta literaria, renovadora en el panorama argentino, cuya estructura acepta múltiples interpretaciones y deja al lector amplio margen de libertad. En esta ficción Borges no es más que la máscara de múltiples personajes. O bien del revés.
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